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viernes, 13 de diciembre de 2013

El lunes empieza el sábado

¿Fantasía rusa? No amigos, fantasía de la extinta URSS , mmmmmmmmmmm.

 

Si no estas en este mundillo reservado otrora para gafapastas y ratones de librería es hora de que conozcas la ciencia ficción rusa de mano de los hermanos Strugatski.

 

 

Este par de camaradas ,uno astronomo e ingeniero informático y otro graduado en el instituto militar de idiomas de Moscú te dejaran boquiabierto por que  sus novelas son atutenticamente sorprendentes , ten en cuenta que esta libro se escribió en 1965 en pleno telon de acero y aun asi no tiene nada que envidiar de una novela o relato de  Philip K Dick, o un libro de la saga de  Harri Poterr.

 

La temática aun sin asesinar  la historia diré que es una especie de Harri poter dentro de una ambiente de una película de de Tarkovski ( la de Stálker o en España conocida por La Zona , basada casualemnte en un novela de estos dos hermanos concretamente Picninc al borde del camino)  y si me apuras con un poco de Juan Jose Millas que  también encontraras salpicando algunos diálogos o escenas de una cómica irrealidad que casi muta en algún fogonazo de los montei patiton.

 

¿Por qué leer esta novela? Porque se adelanto a su tiempo, porque es un clásico de la ciencia ficción científica universal, porque tiene el reconocimiento de absolutamente toda la pléyade de escritores de ciencia ficción de su época de la nuestra y sobre todo y ante todo porque es muy muy divertida.

 

La magia convive con la burocracia soviética, la ciencia con los milagros  y lo cotidiano con lo mitológico, , ordenadores que piden que no se molesten mientras piensan, un pegamento hecho a base de bilis de parricidas, personas a las que se permite seguir trabajando a título póstumo, animales capaces de conceder deseos y que mueren a causa de las bombas militares y un largo etc que tendrás la posibilidad de paladear pagina a pagina y capitulo a capitulo.

 

Como ya sabéis tengo la costumbre de apoyarme en la coyuntura ambiental y personal a la hora de disfrutar las novelas , esta en concreto me pide el previo visionado de una par de cosillas , a saber:  Stálker de Tarkovski y algún capitulo de la tia de franquestein que hace años se emito en la TV publica española dirigida por el checoslovaco Juraj Jakubesko , si a eso le añadimos unas copas de vozka aromático muy muy frío ( metemos la botella en el congelador la noche antes) disfrutaremos como cosacos  , el vozka muy frío tiene una densidad y fluidez parecida al aceite y deja en el paladar unos matices muy interesantes que podemos ir saboreando mientras vemos las pelis y preparamos nuestro imaginarium para regodearnos en la lectura de esta irrenunciable novela.


 

Vercoquin y el plancton

Si no conoces la obra del multifacético Boris Vian nada mejor que este libro.
Es una obra de tintes” autobiográficos”, basados en su constante presencia en los ambientes más VIP de la bohemia francesa de aquella época (1946), Vian ingeniero poeta, escritor, músico y actor de cine y de teatro ( o simulador de todos ellos, nunca lo sabremos ) no deja indiferente con su obra, fresca , descarada  y muchas veces surrealista donde pone en evidencia la mediocridad de las elites y la de  los luchadores contra estas.

Desde mi perspectiva el estilo de este libro se asemeja a un sorprendente coctel  de willian Barrougs, Eduardo Mendoza y Tom Sharpe , es decir aúna la prosa liguera con unas descripciones concisas fugaces , meteóricas  y gustosas de las referencias oníricas o metáforas patafisicas.

 

Se puede leer tranquilamente  en el bus o en el metro no necesita de serenas reflexiones del tipo de Montaigne, si se hace una parada será para sonreír o reírse a carcajada limpia.

 


Pero si se desea puede uno sublimarse absolutamente en la lectura de este genio cara dura para eso que mejor que escucharlo a el mismo interpretando su música  , lo podemos encontrar fácilmente en youtube donde disfrutateremos de su  faceta jazzística , si a eso añadimos un vino tinto fuerte, aromático y con cuerpo puedo asegurar sin equivocarme que nos trasladaremos al parís de 1946 con Boris y su troupe de vividores, artistas y  diletantes varios.